Almorzar en su escritorio: ni productivo, ni agradable

“¿En qué estaba pensando?” es la categoría en la que debería archivarse el sándwich de sardina de Paul Glen.

Después de embarcarse en una dieta alta en proteínas, Glen llevó sándwiches de atún y sardinas a su trabajo como consultor de banca y los comió en su mesa de trabajo. Sabía que la comida olía pero pensó que la gente le diría si molestaba.

En vez de eso, una compañera que se sentaba en el cubículo contiguo se quejó a su jefe. Este elevó la protesta a su superior y finalmente la queja llegó al propio jefe de Glen quien terminó hablando de ello con él.

Glen se disculpó de inmediato con su compañera. Desde entonces trae ensaladas o come fuera, dice Glen, quien ahora es presidente ejecutivo de Leading Geeks, una consultora de gestión de Los Ángeles


Michael Stravato for Wall Street Journal Nelson Morales, cubre su teclado y hasta su corbata con plástico para no ensuciarse cuando almuerza.

Más de la mitad de los trabajadores a tiempo completo en Estados Unidos comen en sus estaciones de trabajo al menos una vez a la semana, según una encuesta hecha a 4.498 trabajadores el año pasado por la empresa de búsquedas de empleo en línea